!Socorro, fuego! La herida de nuestros bosques.







Hace tiempo ya escribí sobre los insectos   en mi blog y también lo comuniqué en el Ayuntamiento en el que vivo:












Aparte del esfuerzo que hice, para saber cómo proceder o cómo proceden, me di cuenta que es caminar en un pantano sin soluciones administrativas, ya que se mezcla la burocracia, con falta de voluntades, y falta de tener informada a la ciudadanía. 
 
 porque sentía que había señales que no debían ignorarse. Hoy, con el paso de los años, esas señales se han vuelto más visibles, más cercanas, más dolorosas.

Como persona que defiende la diversidad medioambiental, no puedo mirar sin tristeza cómo el ser humano va desgastando los bosques, alterando los ciclos de la vida y rompiendo ese delicado equilibrio que sostiene a las aves, a los insectos, al agua y a la tierra. Cuando el bosque arde o se empobrece, no solo pierde la naturaleza: perdemos todos, aunque a veces tardemos en comprenderlo.

Las aves no abandonan el bosque por capricho; se van cuando el bosque deja de ser refugio. Y también esos pequeños seres que tanto incomodan, los insectos, forman parte del lenguaje secreto de la naturaleza, que nos recuerda, con su presencia y su persistencia, que no somos los únicos con derecho a habitar este mundo.

Y precisamente por eso me surge una pregunta incómoda: si existen inventos como Ecofire, presentados como soluciones eficaces frente al fuego, ¿por qué no se estudia con mayor decisión su uso en beneficio de todos? La Unión Europea ya moviliza fondos y recursos para combatir incendios y recuperar los daños, así que quizá la cuestión no sea solo técnica, sino de voluntad para poner las innovaciones al servicio del bien común.

Porque, aunque a veces parezca una idea conspiranoica, no es raro pensar que en muchas decisiones pesa más el control que el cuidado, más el interés que la humanidad. Y aun así, entre la sospecha y la esperanza, sigo creyendo que la tierra, la vida y el futuro deberían estar por encima de cualquier agenda.

Después de haber hecho habitar el mundo, mi mente creativa se detiene en ese refugio que es la naturaleza, donde las aves conviven con pequeños seres que a veces no sabemos leer. Y entonces mi imaginación se pregunta si, entre esos insectos que forman parte del mismo equilibrio, no habrá también una señal sutil que nos advierte: cuidado, estamos aquí, y todo está conectado.

Pienso en el Virus del Nilo, y en cómo la naturaleza nos recuerda que no somos observadores ajenos, sino parte de un mismo tejido vivo. Las aves, los mosquitos, el agua, la tierra y el silencio del bosque hablan con un lenguaje que no siempre entendemos, pero que sí sentimos cuando algo se rompe.

Por eso vuelvo una y otra vez a la misma certeza: la vida no está hecha para ser dominada, sino compartida. Y cada señal, por pequeña que parezca, nos invita a cuidar lo que todavía sostiene el mundo.

Comparto estas imágenes y el enlace a mi blog para seguir dando visibilidad a un problema que no deberíamos minimizar.  

Lee la entrada que menciono más arriba aquí: https://mariacarmenossa.blogspot.com/2024/07/socorro-insectos.html



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