Frontera sur: la historia se repite Solo cambian las ciudades, las personas y las circunstancias




  
Se Siente Con el Ver


Frontera sur: la historia se repite  
Solo cambian las ciudades, las personas y las circunstancias

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Este texto fue escrito el 23 de agosto de 2022 y lo dejé guardado, sin publicar, entre mis borradores. (Revisando archivos en busca de unos datos, encontré estas notas y he decidido traerlas de nuevo a la luz.) Lo rescato hoy no porque sea una noticia de actualidad, sino porque, tristemente, apenas ha perdido vigencia.

Entonces escribía desde el dolor provocado por lo ocurrido en Melilla. Hoy podría hablar de Ceuta, de otra frontera, de otros nombres y de nuevas imágenes de sufrimiento. Cambian los lugares y las circunstancias concretas, pero persisten las mismas preguntas:

1. ¿QUÉ VIDAS SE PROTEGEN?  
2. ¿QUÉ VIDAS SE ABANDONAN?  
3. ¿DÓNDE QUEDAN LOS DERECHOS HUMANOS CUANDO UNA PERSONA MIGRANTE INTENTA SOBREVIVIR?  

(Lo pongo en mayúsculas para que, al leer, os quedéis con esas tres referencias a las que considero importante detenerse y tener presentes.)


 !Buenos días¡ Pues no , no tanto hoy

Lo que voy a decir quizá no resulte políticamente correcto para muchas personas. Pero hoy, sinceramente, eso no me importa.

Hay hechos ante los que no se puede guardar silencio ni disfrazar las palabras.

 Lo ocurrido en la frontera sur de Europa, en Melilla, no fueron simples altercados ni un episodio policial aislado. Fue una tragedia humana. Fue una matanza. (No uso esta palabra a la ligera: en los informes de asociaciones de derechos humanos aparece así, y así es como yo también quiero llamarlo: una matanza.)



Melilla no fue un altercado

Hablo de personas. Personas que huyen de sus países porque algo muy grave sucede en ellos: guerras, persecuciones, pobreza extrema, violencia, falta de futuro. Nadie abandona su tierra, su familia y su vida para dar un paseo por España o tomarse un café. 

Sin embargo, cuando un ciudadano español viaja con dinero en la cartera a casi cualquier lugar del mundo, rara vez tiene que justificar el derecho a existir, a circular o a buscar una vida mejor.

He visto vídeos de lo sucedido en Melilla y se me ha caído el alma a los pies. (Se me cayó).
Las imágenes son insoportables: cuerpos amontonados, personas heridas, violencia, miedo y desesperación. Se habló de al menos dieciocho muertos, aunque con el paso de los días las cifras conocidas fueron aumentando. Y, mientras tanto, el Gobierno español afirmó que las fuerzas y cuerpos de seguridad habían actuado correctamente. Parecía que solo faltaba repartir medallas junto a la gendarmería marroquí.


Personas que huyen, no invasores

Pero no podemos olvidar quiénes son muchas de las personas que intentan cruzar esas fronteras. Son también quienes, una vez aquí, sostienen con su trabajo sectores enteros de nuestra economía. Trabajan en los campos, en la recogida de frutas, verduras y hortalizas que después llegan a nuestras mesas. Alimentos que compramos, servimos y comemos sin preguntarnos quién los recogió, en qué condiciones y por qué salario.

En España, una persona migrante puede verse obligada a pasar años en situación administrativa irregular antes de poder acceder a vías de regularización, incluso aunque tenga formación, experiencia profesional y una empresa dispuesta a contratarla. Lo digo desde mi experiencia como técnica en extranjería e inmigración, con una formación extensa realizada hace años en el centro F.P-Fuerteventura2000 (Canarias), cuando aún vivía en la isla y trabajaba en un despacho de abogados.

La legislación de extranjería, demasiadas veces, convierte la vida de las personas en una carrera de obstáculos: sin papeles no se puede trabajar legalmente; sin contrato es muy difícil conseguir los papeles. Es una rueda cruel.



¿Quiénes recogen nuestra comida?

Durante la pandemia, cuando muchos trabajadores tenían miedo —con razón— de desplazarse o exponerse al contagio, se recurrió a mano de obra migrante para mantener la recogida agrícola. Personas que trabajaron en condiciones precarias, a veces sin contratos dignos, para que el resto pudiéramos tener frutas y verduras en la mesa.

Yo, cuando bendigo la mesa, pienso también en ellas. Bendigo a todas las personas que hacen posible que tengamos alimento: quienes siembran, recogen, transportan, limpian, cocinan y cuidan. Porque sin ellas tampoco podríamos llevarnos la comida a la boca.


 Refugiados: cifras con rostro

También me llegaron noticias del desmantelamiento del campo de refugiados de Lesbos y de una realidad que no deja de crecer: decenas de millones de personas refugiadas y desplazadas en el mundo. Las cifras abruman, pero detrás de cada número hay un rostro, una historia, un nombre, una familia, un dolor.

Entonces me pregunto: ¿dónde está el derecho a la vida? ¿Dónde están los derechos humanos cuando más se necesitan? Porque, una vez más, parecen papel mojado.


La solidaridad no puede tener fronteras

España y Europa mostraron una enorme solidaridad con el pueblo ucraniano. Se enviaron alimentos, ropa, medicinas y ayuda; se abrieron puertas, se facilitó protección temporal y acogida. Y me parece bien. Me parece necesario y profundamente humano ayudar a quienes escapan de una guerra, de las bombas y de la destrucción.

Pero existe un problema enorme: ¿por qué esa misma humanidad no se aplica con igual fuerza a quienes vienen de países africanos? También huyen de guerras, violencia, persecución, hambre, dictaduras y falta de futuro. También tienen miedo. También son madres, padres, jóvenes, niñas y niños. También son seres humanos.


¿Dónde están los derechos humanos?

ARTÍCULO 14: DERECHO A BUSCAR ASILO:
 
Toda persona tiene derecho a buscar asilo y a disfrutar de él en otros países cuando sufre persecución.

ARTÍCULO 6: DERECHO AL RECONOCIMIENTO COMO PERSONA ANTE LA LEY: 
Todo ser humano tiene derecho a ser reconocido, en todas partes, como persona ante la ley.

ARTÍCULO 11: DERECHO A LA PRESUNCIÓN DE INOCENCIA  
Toda persona acusada tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad.

ARTÍCULO 28: DERECHO A UN ORDEN SOCIAL E INTERNACIONAL JUSTO  
Todos tenemos derecho a que exista un orden social e internacional en el que los derechos y libertades puedan hacerse plenamente efectivos.

ARTÍCULO 29: DEBERES HACIA LA COMUNIDAD  
Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, ya que solo dentro de ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad.

ARTÍCULO 30: LOS DERECHOS HUMANOS NO PUEDEN SER DESTRUIDOS  
Nada en esta Declaración puede usarse como excusa para que un gobierno, una persona o un grupo destruya los derechos y libertades de otras personas. (Es el "candado de seguridad": los derechos humanos son para todos, o no son.)

Entonces, ¿de qué derechos y libertades estamos hablando si se niega la humanidad de unas personas mientras se reconoce la de otras?

Los derechos humanos no deberían depender del color de piel, del pasaporte, de la religión, del país de origen, de la ruta migratoria ni de la frontera que una persona intenta cruzar. Si son universales, deben serlo de verdad.

No puede haber refugiados de primera y de segunda. No puede haber vidas que merecen ser lloradas y vidas que parecen no importar.


 Medios y salud

La repetición constante de noticias negativas en los medios puede mantener al cuerpo en alerta y elevar el cortisol, la hormona del estrés, con efectos sobre el sueño, la ansiedad y el bienestar físico y emocional.

Cuando el cortisol se dispara de forma continua, el cuerpo se nos  enferma. Aparecen insomnio, ansiedad, tensión muscular, irritabilidad y un desgaste físico y emocional que muchas personas acabamos intentando calmar con pastillas para dormir o ansiolíticos. Así se cierra una cadena muy rentable: medios que generan miedo, una población que vive en estrés crónico y una industria farmacéutica que vende la solución química a un problema que también es político y social.

Informarse es necesario, pero intoxicarse no lo es. Cuidar la salud mental también significa poner límites a ese flujo interminable de imágenes y titulares que nos hacen sentir impotentes. 

A veces creo que  , la forma más política y más sana de resistir es apagar la pantalla, respirar y recordar que, fuera de ese bucle, sigue habiendo vida, dignidad y personas que se organizan para cambiar las cosas.



Nota sobre las imágenes





No incluyo fotografías de los hechos porque son muy violentas y dolorosas. Prefiero no contribuir a la difusión de imágenes traumáticas. Quien quiera verlas puede buscarlas en la red.

© María Carmen Ossa
  
mariacarmenossa.blogspot.com


Soy fundadora del proyecto, además diplomada en mediación 

intercultural........ y técnica en extranjería e inmigración. 
Mi pasión es escribir y la literatura, especialmente las 
voces de la diáspora africana.
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